La Humedad Ambiental
El aire que nos rodea contiene cantidades variables de vapor de agua cuyo origen podemos buscar en el ciclo que dicho líquido sigue en la naturaleza. Formando esas nubes que amenazan o truncan nuestros proyectos montañeros, en la poética niebla matutina o elevándose con suavidad del mojado suelo cuando el sol llega hasta nuestros caminos, la humedad está presente e influye en el ser humano.

La cantidad de vapor de agua que el aire puede contener disminuye a medida que aumenta la altitud y lo hace de forma incluso más acusada de como veíamos que ocurría con la presión atmosférica. Por ejemplo, a 4.000 metros de altura, la presión sería 2/3 de la que hay a nivel del mar, pero la humedad ambiental se habría reducido a tan sólo ¼ de la existente abajo.

También la temperatura ambiental influye en la cantidad de vapor que puede contener el aire. Así, cuanto más frío es el aire, menos húmedo puede ser, y, volviendo a los ejemplos diremos que si 1 kg de aire a una temperatura de 20º C puede contener 150 g de agua, cuando el termómetro desciende hasta -20º C sólo podrán mantener 7,8 g.

Veamos ahora en qué forma nos pueden afectar los cambios de la humedad ambiental. Si pensamos en primer lugar en las condiciones de altitud y frío propias de tantos lugares de alta montaña y sabiendo que ambos factores actúan disminuyendo la humedad ambiental, no resultará ya extraño que hablemos de la sequedad del aire allí respirado. Debido a ello, unido como es lógico al frío, son tan frecuentes las afecciones de garganta en concreto y de las vías respiratorias altas en general, en los deportes de montaña.

Lo que ocurre es que el aire respirado, desprovisto de buena parte de su humedad, reseca las mucosos y las lesiona, siendo preciso poner mucho cuidado en la rehidratación para disminuir los posibles problemas y utilizar siempre que sea posible las fosas nasales como única vía respiratoria, cosa que no podremos hacer cuando el esfuerzo sea importante, pues en esos casos más de 100 litros de aire deberán entrar y salir de nuestros pulmones cada minuto.

Pero si la falta de vapor de agua ambiental produce serios inconvenientes para el aparato respiratorio del biker, el exceso tampoco le ayuda en sus empresas.
Esos días calurosos, cuando montamos por valles húmedos, sin viento que nos alivie, son ideales para sentir los inconvenientes del exceso de humedad ambiental. En esas condiciones el organismo se encuentra con serias dificultades para eliminar el exceso de calor producido por la actividad física mediante la sudoración.

Cuando la temperatura ambiental es de unos 25º C el mecanismo de sudoración y evaporación se encarga de eliminar una cuarta parte del calor sobrante. Si la temperatura atmosférica asciende a 35º C casi todo el calor sobrante deberá ser eliminado mediante la evaporación del sudor, llegándose a producir hasta 1,7 litros en una hora, pero si nos encontramos en medio de una atmósfera húmeda el líquido resbalará por nuestra piel sin llegar a evaporarse y no producirá el necesario enfriamiento, arriesgándonos a sufrir problemas como el golpe de calor o la deshidratación si el esfuerzo físico se mantiene al mismo nivel. Por lo tanto, el efecto perjudicial del exceso de humedad, aunado con el calor, será el de alterar la evaporación del sudor y con ello la capacidad de refrigeración del organismo.

También en ausencia de temperaturas altas la humedad puede añadir dificultades a las actividades de montaña. Todos conocemos la mayor sensación de frío que se percibe, a igualdad de temperatura, en los días húmedos. En efecto, el vapor de agua contenido en el aire favorece las pérdidas de calor cuando el ambiente es frío; es decir, facilita el enfriamiento.

Esa misma humedad, actuando sobre nuestras prendas de abrigo, reduce su capacidad de aislamiento en la misma forma que lo hace la lluvia o el sudor y, así, predispone a la aparición de afecciones locales, como las congelaciones, o generales como el enfriamiento general o hipotermia. El motivo de eso hay que buscarlo en el aumento de las pérdidas de calor por conducción desde la piel al exterior.

Así pues, tanto el exceso como el defecto de humedad ambiental agreden al organismo incrementando los efectos nocivos de otros factores atmosféricos y fundamentalmente de la temperatu

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