Debemos comenzar diciendo que la temperatura es un parámetro físico objetivo, es decir, que no depende de la sensibilidad personal. No ocurre lo mismo con los términos de "frío" y "calor", que son subjetivos y por lo tanto, una misma temperatura será calificada de distinta forma según seamos más o menos "frioleros".

Pero a nosotros nos interesa ahora el factor físico y sus modificaciones en función de otros cambios; por ejemplo, la altitud sobre el nivel del mar. Efectivamente, es bien conocido por todos que la temperatura varía según la altura. Así, cada 150 metros de ascensión suponen una pérdida de 1º C aproximadamente, con lo cual podremos hacernos una idea de la temperatura en cima determinada a partir de la que tengamos en la base, aún cuando otros factores meteorológicos modificarán parcialmente nuestro cálculo. En la tabla 1 vemos un ejemplo de la temperatura probable en distintas altitudes cuando a nivel del mar es de 15º C.

Otro factor que modifica de forma evidente la temperatura y debemos considerar al planificar nuestros viajes es la latitud geográfica, es decir, la posición de nuestro objetivo respecto a los paralelos terrestres.

Tabla 1
ALTITUD
(metros)
TEMPERATURA
(grados ºC)
0 15º
1.000 8,5º
2.000
3.000 -4,5º
4.000 -11,0º
5.000 -17,5º
6.000 -24,0º
7.000 -30,5º
8.000 -36,9º
8.848 -42,4º
Tabla 2

LATITUD
Tª media anual
(grados ºC)
Oscilación anual
(grados ºC)
90ºC N -22,7 40
80ºC N -18,4 34,2
70ºC N -10,8 33,6
60ºC N -1,1 30,2
50ºC N 5,8 25,2
40ºC N 14,1 19,0
30ºC N 20,4 12,8
20ºC N 25,3 6,2
10ºC N 26,8 1,5
Ecuador 26,2 1,0

A nadie, cuerdo, se le ocurre plantear de la misma forma una ascensión al McKinley (6.194 m.) que al Kilimanjaro (5.895) ¿El motivo? A pesar de la escasa diferencia de altura, uno se encuentra sometido a los rigores polares y el otro se sitúa en zona tropical. El diferente ángulo de incidencia de la radiación solar será responsable de las variaciones de temperatura que podemos apreciar en la tabla 2 y que hacen referencia sólo al hemisferio Norte.

Aún más fácil de comprender que lo anterior es la influencia del ciclo estacional (primavera, verano, otoño e invierno) y del nictemeral (noche y día). También en este caso, el motivo de los cambios de temperatura son las variaciones de la radiación solar debido al movimiento de la tierra en torno al astro rey y a su eje, respectivamente. Hablando del ciclo estacional, recordaremos que mientras en el hemisferio Norte transcurre el invierno, en el Sur disfrutan del verano y será por lo tanto el momento de pensar en el Aconcagua, Cerro Torre, etc., o en otras cimas del mismo hemisferio.


Figura 1

EL FRÍO Y EL CALOR

Frente a las temperaturas elevadas, es decir, las que nos producen una sensación de calor más o menos intensa en función de nuestra tolerancia, el ser humano lucha de dos formas: una, mediante modificaciones del comportamiento, como ejemplo, la disminución del aislamiento, o sea, eliminando prendas de abrigo y reduciendo la actividad física, ya que la contracción muscular produce calor. Por otra parte, se realizan modificaciones fisiológicas, como el aumento de circulación sanguínea por vasos superficiales del cuerpo para radiar el calor sobrante, el aumento de la sudoración, que al evaporarse sobre la piel producirá un enfriamiento y modificaciones hormonales complejas que entre otras cosas disminuirán la secreción de orina para compensar las pérdidas de liquido en forma de sudor y alejar el riesgo de deshidratación.

Las bajas temperaturas rompen el equilibrio térmico del organismo al aumentar las pérdidas de calor. Para compensar esa variación y sus consecuencias, el ser humano dispone en el lado positivo de la balanza de los siguientes factores:

- El calor endógeno, es decir, el producido por el metabolismo celular y por la actividad muscular voluntaria.
- El calor exógeno, recibido en forma de radiación solar o de otros cuerpos calientes.
- El aislamiento, bien sea gracias a la grasa subcutánea o al proporcionado por la vestimenta.

Así pues, cuando el termómetro descienda, el organismo responderá mediante estos mecanismos: una vasoconstricción periférica, o sea, enviando menos sangre a los vasos sanguíneos más expuestos a las bajas temperaturas, realizando contracciones musculares involuntarias (escalofríos) e incrementando la producción de calor metabólico mediante un proceso denominado termogénesis.


Figura 2: Bucle de regulación térmica (Houdas y Carette)

Como es lógico, los complicados procesos destinados a mantener el equilibrio del organismo frente a variaciones de la temperatura tan importantes como las que debemos soportar en el medio ambiente de montaña, son controlados mediante circuitos de regulación como el de la fig. 2. Veamos su funcionamiento.

Los termo-receptores, situados en la piel, envían de forma constante información a los centros termo-reguladores situados en el Sistema Nervioso Central y de aquí parten órdenes al resto del cuerpo. Si la sensación percibida era de frío, el organismo reaccionará mediante una acción vasomotora de vasoconstricción y mediante una puesta en marcha de la termogénesis, con lo cual aumentará el Nivel Térmico y los receptores de la piel, si la respuesta ha sido suficiente para compensar la baja temperatura, indicarán a los centros nerviosos el buen resultado. En caso contrario, se mantendrán esas órdenes sobre los vasos y el metabolismo. Si la sensación hubiera sido de calor, la sudoración y vasodilatación se encargarían de disminuir el Nivel Térmico para conseguir el necesario equilibrio.

Si los mecanismos de adaptación a las oscilaciones de la temperatura fracasaran, el organismo sufriría procesos como el golpe de calor, las congelaciones y la crioplexia o enfriamiento generalizado, entre otros, pero no es nuestro objetivo describirlos ahora.

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